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COLEGIO DE ARQUITECTOS

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Campo baeza, premio nacional de arquitectura 2020

El arquitecto Alberto Campo Baeza ha sido galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura 2020, promovido por el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana y dotado con 60.000 euros. El jurado, que se reunió telemáticamente este miércoles, ha destacado especialmente «la coherencia de su trayectoria profesional, su independencia creativa y su labor docente de toda una vida dedicada a formar distintas generaciones de arquitectos que han encontrado en su trabajo una fuente de inspiración, además de convertirse en referente de la arquitectura española tanto a nivel nacional como internacional».

El Colegio de Arquitectos de Valladolid (COAVA), con motivo de la celebración del Día Mundial de la Arquitectura en 2017, organizó en el Museo Patio Herreriano la exposición ‘Proyectar es investigar’, que recopilaba algunos de los edificios más conocidos de Campo Baeza, como las Casas Gaspar y De Blas, la Caja de Granada, el Polideportivo de la Universidad Francisco de Vitoria o la Casa del Infinito. El título de la retrospectiva obedecía a una de las premisas que el arquitecto vallisoletano mantiene a lo largo de su obra: “un proyecto arquitectónico debe ser un auténtico trabajo de investigación”.

La obra de Campo Baeza ha sido expuesta en lugares tan prestigiosos como la Basílica de Palladio (Vicenza), el IIT de Chicago, Sant Pietro in Montorio (Roma), la Basílica de Santa Irene (Estambul), el Maxxi (Roma) o la American Academy of Arts and Letters (Nueva York), entre otros. El arquitecto vallisoletano es profesor emérito de la Escuela de Arquitectura de Madrid (ETSAM) y, en su día, fue el catedrático de proyectos más joven de la institución.

A Campo Baeza la profesión le viene de familia, ya que su abuelo Emilio Baeza Eguiluz fue arquitecto municipal de Valladolid y el autor del emblemático Círculo de Recreo de la calle Duque de la Victoria, que se levantó en 1902 en pleno centro de Valladolid. Este lugar es conocido popularmente como “la pecera”, ya que sus grandes ventanales permitían a los transeúntes ver a los socios del casino.